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En 1966 un jugador de Argentina fue expulsado pero no había forma de explicárselo. Desde entonces hay tarjetas amarillas y rojas

En 1966 un jugador de Argentina fue expulsado pero no había forma de explicárselo. Desde entonces hay tarjetas amarillas y rojas

En 1966 un jugador de Argentina fue expulsado pero no había forma de explicárselo. Desde entonces hay tarjetas amarillas y rojas

Cuando dos personas quieren entenderse pero no hablan el mismo idioma, lo intentan hablando más alto, gesticulando o recurriendo a cosas que no entienden de fronteras. Y ojo, eso suponiendo que en el fútbol siempre queramos entender al árbitro: no sería la primera ni la última vez que un jugador se hace el sueco ante una amonestación o un cambio... si va ganando, claro. 

Pese al sui generis discurso de Tom Cruise en el pasado Mundial 2026, en el fútbol moderno nos apañamos con el inglés (por macarrónico que sea) y las normas de la IFAB, conformada por las cuatro asociaciones de fútbol del Reino Unido y la FIFA, lo que nos permite que cualquiera sepa qué significa cuando el equipo arbitral levanta el banderín o súbitamente aparece una tarjeta. No siempre fue así, así que imagínate las batallas campales que se montaban.

El problema. Va un italiano y un chileno y... no, no es un chiste: a principios de los 60 había episodios de gran violencia en el fútbol y uno de los encuentros más tristemente recordados fue el partido entre Chile e Italia del Mundial de 1962, tanto que se le conoce como la "Batalla de Santiago". Por aquel entonces no había mecanismos para poner freno a esa agresividad en forma de peleas y faltas acaecida fruto del calentón en el terreno de juego.

El Mundial que lo cambió todo. El cruce de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de 1966 fue un antes y un después. Como recoge el Smitshonian, en un momento dado, un jugador argentino intentó comunicarse con el árbitro (alemán) y sus vehementes gestos y súplicas, imposibles de entender para el colegiado, le costaron la expulsión por violencia verbal. El jugador se negó a salir del campo hasta que Kenneth George Aston, miembro del Comité de Árbitros de la FIFA y también responsable del arbitraje de ese Mundial, intervino.

En ese partido el árbitro Rudolf Kreitlein había amonestado a los ingleses Bobby y Jack Charlton y había expulsado al argentino Antonio Rattín, pero quedó tan poco claro en el partido que los interesados se enteraron mejor después, gracias a la prensa. De hecho, Tanto es así que el seleccionador de Inglaterra, Alf Ramsey, acudió a un representante de la FIFA para salir de dudas. Desde luego que el calentón fruto del partido, el ruido ambiental y el barrera idiomática entre jugadores y árbitro hizo que entenderse fuera una misión imposible. A esa conclusión llegó Aston, que se marchó de allí decidido a cambiarlo.

La solución. Así que se propuso hacer algo para que las decisiones del árbitro fueran más claras tanto para jugadores como para espectadores. Y le vino algo a la cabeza que conoce todo el mundo: los semáforos. Aston cuenta cómo se le ocurrió: "Mientras conducía por la calle Kensington de Londres, el semáforo se puso en rojo y pensé: 'Amarillo', puedes aún pasar; 'Rojo', significa alto, fuera del terreno".

Al llegar a casa, le contó su ocurrencia a su mujer Hilda, que cuentan desapareció de la sala para volver pocos minutos después con dos tarjetas de cartulina que encajaban perfecto en el bolsillo de su camisa, materializando así la idea. El sistema se estrenó oficialmente en el Mundial de México de 1970, 107 años después del nacimiento del primer organismo rector del fútbol, y desde entonces se adoptó en todas las federaciones.

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El poder de una simple cartulina. El escritor Rob Walker sintetiza bien el efecto que tiene ese simple trozo de papel: tiene un poder descomunal cuando un árbitro la exhibe de forma casi teatral en la cara del jugador. Provoca un estadio lleno de silbidos y gestos exagerados de los brazos del jugador amonestado y sus compañeros. Porque todo el mundo sabe lo que significa: la pérdida de la posesión del balón, un tiro libre y hasta quedarse con un jugador menos en el terreno de juego. 

Kenneth George Aston, que falleció en 2001, resumió la visión del fútbol donde ese gesto que él mismo inventó y que sigue vigente en todos y cada uno de los encuentros tiene una importancia extrema: una obra dramática en dos actos con 22 actores y un director de escena, el árbitro, sin guion y sin final conocido.

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Portada |  Jason Gulledge y  Tasnim News Agency

- La noticia En 1966 un jugador de Argentina fue expulsado pero no había forma de explicárselo. Desde entonces hay tarjetas amarillas y rojas fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .

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