Entramos en un centro comercial, bajamos a un aparcamiento o cruzamos la puerta de una estación y el punto azul empieza a dudar. A veces tarda en reaccionar, otras nos coloca en la calle de al lado y, en los peores casos, deja de seguirnos por completo. Nos hemos acostumbrado a que el móvil sepa casi siempre dónde estamos, pero basta con interponer varias paredes y techos para recordar que las señales que llegan desde el espacio siguen teniendo límites muy concretos.
La respuesta que propone Xona Space Systems se llama Pulsar y ya cuenta con hardware funcionando en el espacio. Su primer satélite dedicado, Pulsar-0, ha transmitido señales que pudieron seguirse desde el interior de un edificio, un ensayo relevante porque aborda directamente uno de los puntos débiles de la navegación por satélite tradicional. La demostración, sin embargo, es solo el primer paso, mientras que ofrecer una posición estable, inmediata y precisa bajo techo exige más satélites, receptores compatibles y una cobertura que todavía está por desplegar.
Satélites más cercanos a la superficie terrestre
Aunque solemos llamar GPS a todo, ese nombre corresponde únicamente al Global Positioning System de Estados Unidos. Nuestros móviles también pueden combinar señales de Galileo, de la Unión Europea; GLONASS, de Rusia; y BeiDou, de China, todos ellos englobados bajo el término GNSS. Sus arquitecturas no son idénticas, pero comparten una dificultad: las transmisiones llegan muy debilitadas después de recorrer miles de kilómetros. En el caso del sistema estadounidense, la propia oficina del GPS reconoce que los edificios pueden bloquear la señal y que sus rebotes en las paredes introducen errores en la posición.
Recreación de los satélites de Xona Pulsar intenta cambiar esa relación acercando mucho más los transmisores a la superficie. Mientras los satélites GPS orbitan a unos 20.200 kilómetros de altitud, la arquitectura solicitada por Xona los situaría alrededor de los 1.080 kilómetros, una distancia que permite que la señal llegue con mayor potencia. Su rápido desplazamiento también genera variaciones Doppler que pueden aportar información adicional al cálculo de posición. La ventaja tiene un precio: cada nave cubre menos territorio y permanece menos tiempo visible, por lo que hacen falta cientos para ofrecer un servicio continuo en todo el planeta.
El proyecto tampoco nació con Pulsar-0. Xona realizó en 2022 una primera demostración orbital con Huginn, una carga útil experimental que permitió probar su arquitectura antes de lanzar, en 2025, un satélite dedicado. Desde entonces, la compañía ha transmitido durante cientos de pasadas, actualizado su software en órbita y conseguido que distintos receptores comerciales sigan sus emisiones. También ha abierto una fábrica propia en California y encargado nuevas unidades a Aerospacelab. Hay, por tanto, hardware y una base industrial en marcha, aunque la constelación necesaria para prestar un servicio continuo todavía deba construirse.
Una vista al laboratorio de Xona Lo que Xona ha demostrado dentro de un edificio no es todavía una navegación comparable a la que esperamos del móvil, aunque hay un matiz importante: toda la prueba se realizó con un único satélite y receptores instalados en posiciones concretas. En un trabajo firmado por ingenieros de la propia compañía, una antena interior acumuló mediciones de Pulsar-0 durante su paso para estimar la posición, mientras que el equipo de comparación no consiguió adquirir señales GPS en el ensayo principal. Este terminó con 38,7 metros de error horizontal; otros registros seleccionados quedaron entre 0,6 y 3 metros, aunque el algoritmo partió en esos casos de una estimación inicial cercana a la ubicación real. Para una sola nave experimental, el resultado es prometedor; para guiarnos mientras caminamos bajo techo, todavía falta desplegar la red.
En Xataka La NASA muestra la apariencia real de la Tierra según la gravedad… y es deforme El siguiente paso anunciado es lanzar un primer lote de seis satélites de producción, previsto para octubre de 2026, y ofrecer inicialmente cobertura intermitente a algunos clientes de sincronización temporal. Para que Pulsar pueda proporcionar posiciones inmediatas y precisas harán falta varias naves visibles al mismo tiempo, una cobertura mucho más amplia y receptores capaces de interpretar sus señales. No sustituirá al GPS de un día para otro ni resolverá por sí solo cualquier interior. Pero lo que hemos visto demuestra al menos algo concreto: una señal de navegación enviada desde la órbita baja puede recibirse dentro de un edificio en un punto donde el GPS no consiguió hacerlo.
- La noticia El GPS nos deja tirados dentro de los edificios. Una alternativa ya está en órbita y ha demostrado que puede llegar bajo techo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .



