Durante mis vacaciones, mi iPhone 17 Pro Max se quedó en un cajón. En su lugar llevaba un SPC Wild Cool, un móvil de apenas 40 euros con botones físicos, sin Internet, sin WhatsApp y con una cámara que difícilmente podría competir incluso con la cámara del primer iPhone. Y, precisamente por eso, consiguió algo que llevaba tiempo intentando: que dejase de mirar el móvil constantemente.
La experiencia duró dos semanas y tuvo algo de regreso al pasado. Volví a escribir SMS pulsando varias veces una tecla para encontrar una letra, a sacar el teléfono del bolsillo solo para llamar o a aceptar que algunas cosas no podía consultarlas al instante. Pero también eché de menos el iPhone y descubrí que para desconectar no necesitaba realmente un móvil así.
El por qué del experimento
A medida que descubro nuevas tecnologías y las utilizo cada día, también me apetece cada vez más alejarme de ellas durante determinados momentos. No porque piense que los smartphones sean malos ni porque quiera renunciar a ellos. Todo lo contrario. Hay pocas herramientas que utilice tanto como mi iPhone y, precisamente por eso, quería comprobar qué ocurría si durante las vacaciones eliminaba de golpe todas esas posibilidades.
En Applesfera El Apple Watch empezaba a agobiarme. Así que corté por las malas e hice todos estos cambios La idea era sencilla. No quería estar incomunicado, pero tampoco quería pasar el día pendiente de WhatsApp, redes sociales, correos o cualquier otra notificación. Si alguien necesitaba localizarme, podía llamarme. Para todo lo demás, podía esperar. Las vacaciones parecían el momento perfecto para probarlo.
Así que guardé el iPhone 17 Pro Max y saqué del cajón el SPC Wild Cool. La diferencia no podía ser más grande. Pasé de uno de los smartphones más completos que existen a un teléfono que básicamente sirve para llamar y enviar mensajes. No había aplicaciones que configurar, cuentas que introducir ni nada que pudiera distraerme. Por no tener, no tenía ni juegos. Ni siquiera un sucedáneo del mítico 'Snake'.
Regreso al pasado
Lo primero que me llamó la atención fue volver a tener entre las manos un teléfono como los que utilizábamos hace 20 años. Es pequeño, ligero y tiene botones físicos. Incluso tuve que recuperar algo tan básico como la memoria muscular necesaria para moverme por una interfaz que no se controla tocando la pantalla. Al principio resultaba extraño, pero tardé muy poco en acostumbrarme.
También regresó una costumbre que creía completamente olvidada. La de escribir pulsando varias veces una misma tecla para escoger una letra. Mandar un SMS se convirtió de repente en una pequeña prueba de paciencia. Lo curioso es que, después de unos días, mis dedos volvieron a recordar cómo hacerlo. Era más lento, sí, pero también tenía algo de familiaridad.
Lo más interesante ocurría cuando guardaba el teléfono en el bolsillo. No había notificaciones esperando, ni correos pendientes, ni redes sociales que consultar. Durante las primeras horas llegué a sacar el móvil varias veces por pura inercia, como hago con mi iPhone habitualmente. Pero al encender la pantalla no había nada que mirar. Y, poco a poco, dejé de hacerlo.
Suena a tópico, pero prometo que eso hizo que disfrutase más de pequeños momentos cotidianos como dar un paseo, comer con amigos o, simplemente, estar tumbado sin hacer nada. Existe el aburrimiento y, oye, no está tan mal.
Eso sí, la experiencia también tuvo su otra cara, como echar de menos algo tan básico como consultar un mapa, buscar el horario de un restaurante o hacer una fotografía decente cuando aparecía una situación que quería guardar.
Ahí volví a entender que un iPhone no solo sirve para distraernos. Muchas de sus funciones se han convertido en herramientas que utilizamos de forma natural. Renunciar a ellas durante unos días fue interesante, pero también demostró que volver completamente atrás no tenía demasiado sentido. Quería desconectar del móvil, no dejar de aprovechar todo lo que mi iPhone puede hacer por mí.
Nada que no pueda hacer mi iPhone
Después de esas dos semanas tengo bastante claro que aquel móvil "tonto" cumplió perfectamente su cometido, pero también que no necesito un teléfono así para conseguir ese resultado. El iPhone ya ofrece prácticamente todas las herramientas necesarias para reducir las distracciones. La diferencia es que, en este caso, hay que tomar la decisión de utilizarlas.
iOS permite controlar las notificaciones, establecer límites de uso para aplicaciones y utilizar modos de concentración que pueden cambiar por completo el comportamiento del iPhone durante determinadas horas. Incluso hay apps que ayudan a convertir el iPhone en un móvil "tonto".
En Applesfera Hay un ajuste que "promete" que el iPhone no nos distraiga en el peor momento. Y lo he probado para comprobarlo Incluso puedo hacer algo tan sencillo como eliminar de la pantalla de inicio aquellas aplicaciones que más me distraen. Si quiero ir un paso más allá, puedo bloquearlas durante determinados periodos y dejar únicamente las herramientas que realmente necesito. No es necesario convertir el iPhone en un teléfono básico, solo basta con quitar de en medio todo aquello que no quiero tener delante.
El problema es que todas estas soluciones tienen algo en común: dependen de mi voluntad. Siempre puedo desactivar una restricción, abrir una aplicación o cambiar un ajuste. Con el móvil de 40 euros no tenía que tomar ninguna decisión. No había nada que desactivar porque directamente no existía. Y esa barrera física resultó mucho más efectiva que cualquier ajuste de software.
Por eso no pienso abandonar el iPhone para siempre ni convertir un móvil como este en mi teléfono habitual. Pero sí me llevo una conclusión de estas vacaciones: a veces desconectar no consiste en tener menos tecnología, sino en aprender a utilizarla de otra manera. Y si no tenemos suficiente fuerza de voluntad para hacerlo, siempre queda una solución bastante más drástica: dejar el iPhone en un cajón durante unos días.
Vía | Xataka
En Applesfera | Nuevos iPhone 18 Pro y 18 Pro Max - Todo lo que creemos saber sobre ellos
En Applesfera | Nuevo iPhone plegable: todo lo que sabemos sobre su diseño, cámara y posible precio del iPhone Ultra
- La noticia Cambié mi iPhone 17 Pro Max por un móvil "tonto" de 40 euros durante las vacaciones. Y cumplió con mi propósito fue publicada originalmente en Applesfera por Álvaro García M. .



