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Rocío Guerra, científica de la misión SMILE (ESA): “Gracias a la colaboración con China tenemos la mejor misión que podríamos tener”

Rocío Guerra, científica de la misión SMILE (ESA): “Gracias a la colaboración con China tenemos la mejor misión que podríamos tener”

Rocío Guerra, científica de la misión SMILE (ESA): “Gracias a la colaboración con China tenemos la mejor misión que podríamos tener”

Uno de los grandes hitos espaciales de 2026 ha sido el lanzamiento de SMILE, la primera misión que la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia China de Ciencias diseñan, lanzan y operan juntas de principio a fin. Con ella, se pretende estudiar como no se ha hecho antes la interacción entre los vientos solares y la magnetosfera, el escudo que protege a la Tierra de sus peores efectos. Recientemente, en el evento realizado por la ESA en León con motivo del eclipse solar hemos podido hablar con Rocío Guerra, una de las científicas que forman parte de este proyecto.

Nos ha contado información muy interesante, tanto sobre los objetivos de la misión como sobre cómo ha sido colaborar con el gigante espacial chino, pasando también por un simpático dato sobre el nombre de la misión. De todo ello, se extrae un dato muy importante: la importancia de la colaboración internacional para conseguir grandes avances en materia espacial, así como la colaboración entre distintas misiones que empleen enfoques variados para estudiar un mismo fin. 

La magnetosfera como no se había visto nunca antes

A grandes rasgos, SMILE se encargará de dar la visión más completa hasta el momento de cómo interacciona la magnetosfera con el material que envía el Sol. No es la primera vez que se estudia algo así. La propia ESA ya se había adentrado en este tema antes, con el lanzamiento de Cluster. Dicha misión comenzó a operar en 2001, empleando un enjambre de cuatro sondas idénticas: Rumba, Salsa, Samba y Tango. Con su baile coordinado alrededor de nuestro planeta, obtuvieron datos muy útiles sobre la magnetosfera. Sin embargo, SMILE usa un enfoque muy distinto, por lo que puede aportar información totalmente novedosa.

“SMILE opera de una forma distinta a las misiones que hemos tenido antes, pues estas utilizaban instrumentos in situ”, explica Guerra. “Se miraban las condiciones del viento solar alrededor de ellos”. Por ejemplo, en el caso de Cluster, se estudiaba lo que ocurre en torno a los satélites. Estos volaban en formación para alcanzar la mayor información posible; pero, aun así, no podíamos tener una visión global del sistema. “El sistema del viento solar, la magnetosfera y la ionosfera es un sistema muy complejo, en el que hay unas causas y unos efectos”, aclara la científica de la ESA. “Las causas son las de cómo viene el viento solar, cómo impacta en la magnetosfera, mientras que los efectos hacen referencia a cómo la magnetosfera se deforma”.  Las líneas magnéticas “se distorsionan, se liberan y se reconectan, y eso genera una gran cantidad de energía”.

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Aunque todo esto nos pueda sonar muy ajeno a cualquier cosa que nos conozcamos, es la razón por la que se produce un fenómeno tan conocido como el de las auroras. Esas partículas cargadas del viento solar excitan las moléculas de gases presentes en el aire y provocan la liberación de energía, con la consiguiente emisión de radiación en los distintos colores del espectro visible. Este es un fenómeno muy bonito e inocuo. El problema es que el viento solar también puede ser responsable de las tormentas electromagnéticas, capaces de dañar infraestructuras terrestres. Esto ya sí que es un problema. 

“Entender todo ese sistema globalmente y de una manera unificada es muy importante y en SMILE, con un solo satélite, tenemos instrumentos que pueden abordarlo de distintas formas”. Esto incluye “el instrumento de rayos X, que mira cómo llega el viento solar y perturba y empuja la parte de la magnetosfera que está enfrente del Sol”. También está presente el instrumento de ultravioleta, cuya misión es “ver cómo se comporta la parte norte, donde se producen las auroras boreales”. Estudiando, además, “cómo son las condiciones del viento solar con los otros dos instrumentos, un magnetómetro y un analizador de iones, vamos a poder entender ese sistema de una manera conjunta y global”. En resumen, una de las mayores ventajas de SMILE frente a otras misiones es que hace un abordaje global sobre las interacciones entre la magnetosfera y el viento solar. Pero sus puntos fuertes no terminan ahí.

“La otra característica que la va a hacer única es que su órbita es muy elíptica, de manera que la parte más cercana a la Tierra, lo que llamamos el perigeo, está a 5.000 kilómetros y la parte más alejada de la Tierra, el apogeo, a unos 121.000 kilómetros”. Con consecuencia, “los instrumentos de SMILE van a poder observar los mismos fenómenos alrededor de 45 horas seguidas, algo que en otras misiones no era posible”. 

¿Y todo esto para qué sirve?

Bien, SMILE va a estudiar la interacción de la magnetosfera con el viento solar de una forma más global y durante más tiempo que nunca. Nos queda claro, ¿pero para qué sirve todo esto? 

Ya hemos visto que dicha que los vientos solares pueden desatar tormentas electromagnéticas, por lo que está claro que por ahí andan las ventajas. Sin embargo, se debe tener claro que no es una herramienta para predecir dichas tormentas. Ese sería el objetivo de otras misiones, como Vigil. Lo que hará SMILE es distinto, ya que complementa esas otras misiones. “SMILE es un satélite científico, es decir, no va a avisar de que viene una tormenta solar, sino que se va a encargar de entender la ciencia que hay en ese sistema que he comentado”, relata Guerra. “Conociendo cómo funciona el Sol, vamos a poder decir: bueno, si viene este tipo de tormenta solar, nuestro sistema responde de esta manera, con lo cual vamos a poder mejorar los modelos de predicción de una manera muy grande para que cuando lleguen nuevas tormentas solares podamos estar mucho más protegidos”. 

Rocio Guerra Esa Smile Entrevista con Rocío Guerra durante el evento de la ESA en León

Colaborar nos hace grandes

El proyecto SMILE comenzó a rodar en 2015, con la fase de estudio. Esta es una primera fase común a todas las misiones de la ESA, en la que se comprueba si es viable desde el punto de vista científico, tecnológico, técnico y financiero. Básicamente, se analiza si las propuestas son viables bajo los presupuestos de la agencia y si es técnicamente factible construir los instrumentos. Si esta primera fase se supera, se pasa a la adopción de la misión. En el caso de SMILE, ocurrió en 2019. Por lo tanto, estamos hablando de que esta colaboración internacional ha sobrevivido a miles de kilómetros de distancia y una pandemia. Aun así, los lazos entre Europa y China no se han debilitado, gracias al buen hacer de los miembros de ambas agencias. 

“Trabajar con un partner externo es algo muy enriquecedor, sea con JAXA, con la NASA o con China”, explica Guerra. “Evidentemente, no hay que dejar de lado el hecho de tener, por ejemplo, reuniones en persona, porque son mucho más enriquecedoras, se permite un intercambio de ideas mucho más eficiente”. Esto beneficia a la misión, pero también a los propios científicos, ya que se nutren unos a otros. “La experiencia, desde mi punto de vista, ha sido magnífica, porque ha conllevado un aprendizaje común para hacer la mejor misión que tenemos ahora”.

En definitiva, ha sido una colaboración que está dando muchísimos frutos, pero aún queda mucho camino por delante. “Podemos decir que la colaboración con China ha dado la mejor misión que podemos tener, y además sigue todavía porque estamos en fase de commissioning”. Esta es la fase en la que se validan todos los instrumentos. Se espera que termine a mediados-finales de septiembre. “A partir de ahí empezará la fase nominal, en la cual ya todos los instrumentos han demostrado que sus capacidades son las esperadas”. Con todo, ya podrán empezar a tomar y analizar señales. La colaboración con China seguirá durante tres años más, en los que, según Guerra, seguro que obtendrán resultados maravillosos. 

La verdadera sonrisa de SMILE

El nombre de SMILE procede de unas siglas: Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer. Sin embargo, hay otra razón mucho más simpática por la que se optó por ponerle este nombre. Nos lo ha contado también Rocío Guerra. “Si giras la imagen de la magnetosfera vista en rayos X, es una sonrisa tal cual”. 

Nuestro escudo natural sonríe a la cámara de rayos X mientras nos protege de las tormentas solares. Esa sonrisa ha sido durante mucho tiempo casi tan enigmática como la de la Mona Lisa; pero, al contrario que la de da Vinci, esta dejará pronto de ser un misterio. Todo gracias a la colaboración entre China y la ESA. 

Imágenes | ESA | Alberto Prieto

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- La noticia Rocío Guerra, científica de la misión SMILE (ESA): “Gracias a la colaboración con China tenemos la mejor misión que podríamos tener” fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .

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