El meme ha explotado: “Me apunto al torneo de farmear aura. Mi rival en la primera ronda” y es alguien, quizá en otro contexto y de otro meme clásico, petándolo, haciendo algo que se le da muy bien, ya sea el moonwalk o un mewing afilado como un escalpelo. ¿De qué estamos hablando? Vamos por pasos porque la chavalada está tomándose muy en serio esto, con entrega de diplomas y 20 o 30.000 pesos argentinos, que son poco más de 17 euros al cambio. Eso sí, piden que lleves tu propio altavoz Bluetooth. Pero antes quiero responder rápido y sincero: ¿es real que existen torneos de farmear aura? Para sorpresa de todos, sí. Y se están extendiendo.
¿Tienes el aura que hay que tener? El pasado fin de semana, cientos de personas llenaron una plaza en Mar del Plata para competir por "aura". Terminó con piedras y botellas volando entre bandos rivales. En Brasil, ciudades como Belém (Pará), en São Paulo, en Juazeiro do Norte ya organizan torneos regulares con jueces, rondas de eliminación y premios en efectivo. Por cierto, para el próximo sábado 22 he contabilizado seis torneos, donde “se buscará definir quién tiene más aura a través de rondas cargadas de humor, actitud y creatividad”.
El asunto se extendió después por Bolivia, México, Perú, Paraguay o llegar hasta el Malecón Simón Bolívar de Guayaquil, en Ecuador. Pero, sobre todo, en Argentina: Mar del Plata, Patio Olmos en Córdoba, a las afueras de la Facultad Regional Tucumán de San Miguel de Tucumán —porque la UTN se ha negado a ceder sus instalaciones—, en varias plazas de Paraná, capital de Entre Ríos, o en la plaza 9 de Julio de Buenos Aires. Todas siguen el mismo guion. Bienvenidos al deporte competitivo del carisma.
Qué es farmear aura, ahora en serio. Farmear, del inglés to farm, verbo de raíz agrícola que el argot gamer secuestra para nombrar la repetición de tareas hasta acumular puntos, oro o experiencia en títulos como League of Legends o cualquier RPG. "Aura", en el diccionario de internet, funciona como marcador imaginario de carisma, seguridad y estilo. Junta las dos palabras y sale la fórmula: hacer algo, con naturalidad aparente, que suma puntos simbólicos de presencia frente a un público. Un "+1000 de aura" es que vas hasta arriba de carisma. Perder aura también existe: basta con que alguien se ría de ti al tropezar.
De un vídeo de bolos a una beca para estudios. El primer rastro documentado, según recoge Know Your Meme, data del 28 de enero de 2024: el usuario de TikTok sube un vídeo jugando a los bolos con las palabras 'Aura Farming' en el pie, y el clip pasa casi inadvertido durante meses. Y clava los bolos como en el reto de la botella —otro invento de un chaval de 18 años, Michael Senatore—.
El punto de giro llega a mediados de 2025 con Rayyan Arkan Dikha, niño de once años de la provincia indonesia de Riau. Durante el festival de canoas Pacu Jalur, Dikha ejerce de Togak Luan, el bailarín que anima a los remeros desde la proa, y con gafas de sol y un baile improvisado se convierte en la imagen definitiva del concepto: cero esfuerzo, máximo impacto, según contó a la BBC. El vídeo lo recreó Travis Kelce, también el PSG y el piloto de F1 Alex Albon. El gobierno de Riau nombró a Dikha embajador cultural y le entregó una beca de 20 millones de rupias.
Y de la pantalla a la plaza. La primera batalla presencial nació este año en Suzano, São Paulo, con más de 200 personas y millones de reproducciones en vídeo, según recogió La Nación. No existe marcador oficial ni jurado fijo: decide el aplauso del público, como en el patinaje artístico, aunque sin cartelas numeradas. Todos los carteles son puro brainrot hecho con IA. Porque la gente joven abraza lo cutre como nosotros abrazábamos las peleas flipadas de Dragon Ball. Pero en esas estamos: hasta el Getafe CF presume de haberle robado a Francho Serrano al Zaragoza haciendo suyo el aura farming.
El glosario del aura. Quien quiera ganar debe entender que, en un combate, hay que dominar un vocabulario propio, casi tan codificado como el K-pop. ¿Lo que más puntúa? El six-seven: levantar ambas palmas y moverlas alternando arriba y abajo. Nació de una frase del rapero Skrilla y explotó gracias al base de la NBA LaMelo Ball. ¿Y qué pasa con el mewing? Pues eso, mantener la lengua pegada al paladar para marcar mandíbula. La técnica viene de la ortotropia del ortodoncista británico John Mew, que su hijo Mike convirtió en fenómeno de YouTube en 2012.
Sigamos con un poco de “aura walk” caminata deliberadamente lenta pero segura, pensada para generar tensión visual antes del enfrentamiento. Se cuela también como pose, junto a festejos de Cristiano Ronaldo o la mirada de Messi antes de saltar al campo. Esa es la mirada sigma: ojos fijos, expresión neutra, cero parpadeo, pariente de la mítica "mirada acero azul" que Ben Stiller parodió en Zoolander. Tampoco faltan las celebraciones deportivas o bailes espasmódicos que evocan el chorea voguing o, peor, el baile de San Vito, trastorno neurológico que en la Edad Media provocaba episodios colectivos de disquinesia. En TikTok funciona de lujo.
Nada nuevo bajo el sol. Y esto nos lleva al pasado. Medir el estatus social mediante una actuación pública ante un jurado informal tiene siglos de historia. En la Escandinavia vikinga existía el flyting (senna o mannjafnaðr en nórdico antiguo): un duelo verbal en el que dos intercambiaban insultos en verso hasta que uno se quedaba sin repertorio. Sí, las primeras batallas de gallos.
Siglos después, en el Harlem de los sesenta, la comunidad negra y latina LGBT desarrolla la cultura ball: categorías, jueces y el vogue como arma de estilo, con casas rivales que se enfrentan en batallas donde importa más el gesto que la fuerza física. El paralelismo estructural está ahí, solo cambia el vocabulario. En aquellos días posaban como modelos y se pintaban con jeroglíficos egipcios y hacían marchas militares. De aquí viene el “slay”, el eyeliner infinito y el “throwing shade” —lanzar una pulla sutil para ganar puntos frente al jurado— ahora alimenta el aura de los chavales en un combate de plaza pública.
El aura, antes de las redes. Me encanta la palabra aura. Viene del griego αὔρα (soplo, brisa), pasa al latín aura y llega intacta al español. En la mitología griega, Aura es una ninfa hija del titán Lelanto, violada por Dioniso y convertida en brisa tras una tragedia que narran Nono de Panópolis y Ovidio; sus hermanas, las Auras, personifican los vientos suaves ya en la Odisea. Del aire pasa a la luz: el halo o nimbo (del latín nimbus, nube) rodea la cabeza de dioses y santos desde la Grecia clásica. El cristianismo lo adopta en el siglo IV y lo reserva para Cristo, la Virgen y, desde el siglo V, todos los santos. Mesopotamia y Persia tenían su versión, el melam o khvarenah.
Un ejemplo: las representaciones de Cristo con aureola, pintadas en el arte del siglo IV, imitan la corona de rayos con la que el arte helenístico representaba al dios solar Helios. La versión new age llegó con la teosofía de Helena Blavatsky, descrita como esa "esencia sutil e invisible" que emana de cuerpos humanos. Un contenedor que igual sirve para encajar con el prana hindú, los chakras budistas, o lo que te venga en gana.
En el siglo XIX, el término dio un giro esotérico: la teosofía describe el aura como campo energético visible para videntes entrenados. En 1939, Semión Kirlian fotografía descargas eléctricas alrededor de objetos húmedos y bautiza el resultado como prueba del aura humana. La ciencia lo desmontó rapidito: el efecto responde a ionización por humedad. Pero poco antes, Walter Benjamin ya andaba flipado con su "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", definiendo el aura como la manifestación irrepetible de una lejanía, el aquí y ahora que una obra pierde en cada copia.
Del santo al streamer. Se acabó la chapa histórica. Lo que no se ha acabado es que, 1.600 años después, sigamos midiendo el carisma, quitando la aureola, pero concediendo likes, aplausos de plaza y frases de "+1000 de aura". En Argentina, streamers como La Cobra están creando contenido de “Reacciono en directo” a eventos de farmear aura y hay gente creando carteles para batallas de aura que vuelven a la iconografía bizantina, pasada por un filtro aberrante de IA. El modelo es el mismo: pueden participar individualmente o por parejas, gente entra y sale y se hacen rondas eliminatorias hasta que solo queda el o la mejor, quien más aura posee. Farmeo infinito, bro.
Imágenes | Montaje a partir de varios carteles en Instagram
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- La noticia Medio Internet se está haciendo una pregunta importante: si los torneos para farmear aura son de verdad o no fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .



