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En pleno boom de turismo extranjero, Tokio se ha encontrado con una industria en auge en sus calles: la prostitución

En pleno boom de turismo extranjero, Tokio se ha encontrado con una industria en auge en sus calles: la prostitución

En pleno boom de turismo extranjero, Tokio se ha encontrado con una industria en auge en sus calles: la prostitución

Japón está de moda. Sobre todo entre los extranjeros que planifican sus vacaciones. La debilidad del yen y el atractivo del destino (amplificado por las redes) ha llenado el país de visitantes, generando un negocio millonario y tensando la convivencia con la población local. Tanto interés despiertan Tokio, Kioto, Osaka, Nagoya y el resto de ciudades niponas que (mal que bien) el país incluso está capeando la crisis que sufre en el mercado chino gracias al aumento de turistas llegados del resto de Asia, Europa o América.

Ese boom turístico no solo se deja sentir en los hoteles, las faldas del Fuji y las izakayas. Su auge está afectando también a un negocio controvertido: la industria sexual.

Algo cambia en Japón. Justin McCurry es un experimentado reportero que suele escribir sobre Japón en medios como The Christian Science Monitor o The Guardian. El martes publicó en ese último diario una crónica en la que advierte de un fenómeno que ha abierto ya un interesante (y espinoso) debate en el país: cómo legislar la prostitución. Japón tiene leyes que abordan el tema, pero la norma de referencia data de los años 50 y todo indica que, en pleno auge del turismo extranjero, la prostitución nipona está reinventándose.

Se aprecia sobre todo en el distrito nocturno de Tokio.

Guillermo Perez Csq3mv5ppek Unsplash Guillermo Pérez (Unspash).

Un paseo por ‘el barrio rojo’. Al igual que otras muchas capitales del planeta, Tokio tiene su propio ‘barrio rojo’: Kabukichō, un distrito famoso por su ambiente nocturno, bares, karaokes, clubes y alojamientos. Incluso aunque su nombre no te diga nada es bastante probable que alguna vez hayas visto fotos de sus calles repletas de neones y carteles. Como señala McCurry en la “ciudad que nunca duerme” también puede verse algo más: mujeres (en ocasiones muy jóvenes) ofreciendo sexo a cambio de unos miles de yenes.

Y hay pistas que indican que cada vez es más fácil encontrarlas. El año pasado la agencia EFE explicaba que antes de la pandemia en un parque del barrio podían verse tres o cuatro mujeres buscando clientes. Tras la crisis sanitaria su número se amplió a varias decenas (entre 30 o 40) y la actividad se expandió hacia zonas próximas. La prensa local habla sobre todo del parque Okubo y el entorno de los ‘love hotels’ del distrito de Shinjuku. ¿Cuántas jóvenes trabajan en las calles de Kabukicho? Difícil saberlo. El año pasado la Policía Metropolitana arrestó a 112.

¿Es algo nuevo? Sí. Y no. Como recuerda McCurry el negocio del sexo no es nuevo en Tokio. En Kabukicho hay bares temáticos, cabarets donde los clientes y las bailarinas beben juntos, baños eróticos (soapland) y pink salons, locales en los que se practica sexo oral. Incluso hay una etiqueta para la industria: Fūzoku, que opera con trabajadoras que se mueven en los claroscuros que deja la ley.

Lo novedoso no es que esos locales funcionen. Lo curioso, el fenómeno sobre el que llaman la atención McCurry y medios como Japan Today, Efe o The Mainichi es otro: la proliferación de trabajadoras sexuales que ofrecen sus servicios directamente en la calle o parques. Son parte de lo que se conoce como tachinbo (prostitución callejera) y no solo genera controversia por su número y actividad, sino por la visibilidad que alcanza en redes más allá de Japón.

¿Es eso un problema? Conecta con uno de los puntos más sensibles del fenómeno. ¿Hasta qué punto ese cambio en la industria sexual japonesa está relacionado con el auge del turismo extranjero? Hace un año AFP publicó una crónica en la que advertía que cada vez es más fácil ver a extranjeros (coreanos, chinos, americanos o europeos) visitando Okubo tras ver vídeos sobre las jóvenes que trabajan en la zona.

La agencia incluso habló con una de las chicas de Okubo, quien confesó que la mitad de sus clientes son de fuera de Japón. “Como no se pueden comunicar en japonés escriben ‘¿cuánto es?’ en sus móviles con traductor”, relata.

Ven vídeos en plataformas como TikTok o Bilibili, abordan a las mujeres y luego van a ‘hoteles del amor’. Las tarifas rondan entre 15.000 y 30.000 yenes por hora, aunque dependen de muchas variables y del servicio pactado. Una joven explicaba hace poco a Japan Today que gana 10 millones de yenes al año (56.000 euros). Algunos blogs hablan de casos de fraudes y robos a clientes, sobre todo a extranjeros con menos recursos (o más reparos) para acudir a la policía.

De las calles a las leyes. Para entender la industria sexual nipona hay que conocer antes su legislación. Para ser más precisos, la Ley de Prevención de la Prostitución de 1956, que establece una serie de líneas rojas. Básicamente y como explica Human Rights Watch (HRW), “sanciona la captación de clientes para la venta de servicios sexuales”. La norma hace mención tanto a los clientes como a las prostitutas, pero a la hora de la verdad la responsabilidad se descarga sobre estas últimas. Se arriesgan a multas y penas de hasta medio año de prisión.

El gran debate. Ante los cambios que está experimentando el sector y la amenaza de que Japón acabe percibiéndose como un destino para los turistas sexuales, el país ha abierto un debate sobre si debe actualizar la ley. Y en ese caso cómo hacerlo. No es un tema fácil y obliga a ir con cautela.

Hay gente convencida de que la normativa debe incluir castigos para los clientes, que de esa forma dejarían de sentirse impunes al contratar prostitutas. Otras voces advierten de que un endurecimiento de la ley perjudicaría aún más a las mujeres, condenándolas a la clandestinidad e impidiendo que denuncien en caso de sufrir agresiones.

Imágenes | Manuel Velasquez (Unsplash) y Guillermo Pérez (Unspash)

En Xataka | Si la pregunta es cuál es la última atracción turística de Japón, la respuesta es súper evidente: jidouhanbaiki

- La noticia En pleno boom de turismo extranjero, Tokio se ha encontrado con una industria en auge en sus calles: la prostitución fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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