Televisión

Con y sin derechos

Con y sin derechos
Hay un espectáculo televisivo de gran categoría: el seguimiento que hacen las cadenas argentinas que no tienen los derechos para retransmitir los partidos. En la competición doméstica, envían a reporteros alrededor de los estadios y siguen el partido a través del ambiente (puestos de choripán, entrevistas de contexto). Los reporteros, espléndidos, improvisan y encuentran entre los aficionados los testimonios más espontáneos, brillantes o procaces para mantener la tensión de una conexión sin más guion que la narrativa del partido. El martes, en el Argentina-Egipto del Mundial, la cadena CN5, autoproclamada “El canal de los hinchas” dividió la pantalla en seis conexiones con diversas pantallas gigantes que, desde lugares diferentes (Italia, Miami, Mar del Plata, Avellaneda), enfocaba a los hinchas, primero hundidos por los goles de Egipto y luego eufóricos con la remontada. Y no dudaban en incluir mensajes como, cuando Messi empató, un “¡Vamos, Argentina, carajo!” Es un ejemplo de gestión imaginativa de la pobreza, de saber crear espectáculos que no son parasitarios sino que acaban teniendo un vigor televisivo propio. La energía que transmiten –pasiones, supersticiones, esperanzas– es una respuesta a todo lo que el Mundial oficial, en manos de tipos como Gianni Infantino, le ha robado al fútbol.

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