En mitad del Atlántico, un pesquero que navega lentamente no tiene por qué llamar la atención. Al fin y al cabo, hablamos de embarcaciones que pasan buena parte de su tiempo lejos de la costa, realizando un trabajo que no siempre podemos identificar desde fuera. Sin embargo, bajo esas mismas aguas discurre una infraestructura de la que dependen las comunicaciones entre países y continentes. Y cuando determinados movimientos empiezan a repetirse en torno a sus trazados, lo que parecía una actividad marítima corriente puede despertar preguntas que van mucho más allá de la pesca.
Una investigación ha encendido las alarmas. El diario británico The Telegraph ha identificado a 17 pesqueros rusos cuyos movimientos han despertado sospechas sobre sus verdaderas actividades en el Atlántico. El análisis, basado en cuatro años y medio de registros de navegación, ha documentado más de 500 episodios en los que estas embarcaciones permanecieron cerca de cables submarinos o siguieron sus trazados. Se trata de conexiones de comunicaciones que unen Reino Unido con otros países europeos y con Estados Unidos. Lo que preocupa es que algunos de esos recorridos pudieran responder a tareas de reconocimiento y no únicamente a operaciones pesqueras.
Los movimientos dejaron un rastro. Para reconstruir estos episodios, los autores de la investigación recurrieron a los registros de Global Fishing Watch, una plataforma que reúne información sobre la actividad de embarcaciones en el mar. Parte de ese seguimiento se apoya en el AIS, un sistema mediante el cual los barcos transmiten datos como su posición, rumbo y velocidad, que también pueden captarse por satélite. Al comparar esas trayectorias con cartas náuticas que señalan las rutas de los cables, el análisis permitió identificar desplazamientos a baja velocidad, permanencias prolongadas y recorridos que coincidían con los trazados de estas infraestructuras.
Los cables tienen nombres propios. Uno de los pesqueros siguió el trazado de nueve cables diferentes, entre ellos Atlantic Crossing 1 y el ya retirado TAT-14. Otro permaneció cerca de Hibernia Express, que cruza el Atlántico, antes de seguir la ruta de Shefa-2, entre las islas Shetland y las Feroe. Un tercer barco recorrió parcialmente los trazados de Amitié y Grace Hopper. La investigación también recoge reducciones de velocidad hasta los dos o tres nudos. Son ejemplos concretos de los comportamientos que han llamado la atención, más allá de la simple presencia de estas embarcaciones en la zona.
La sospecha va más allá. Los recorridos observados plantean una pregunta: ¿qué información podría obtener un barco que permanece cerca de un cable submarino? Aunque sus rutas generales figuran en cartas náuticas, localizar estas infraestructuras con mayor precisión requiere información más detallada. Un oficial naval citado por The Telegraph explicó que embarcaciones de ese tamaño podrían transportar vehículos submarinos operados a distancia y equipados con sonar, capaces de examinar el fondo marino. No hay pruebas públicas de que estos pesqueros hayan utilizado esos dispositivos, pero la posibilidad ayuda a entender por qué sus maniobras preocupan.
Internet también cruza el Atlántico. Los cables submarinos no sirven únicamente para conectar países: por sus fibras ópticas circulan mensajes, videollamadas, operaciones financieras y buena parte del tráfico que mantiene funcionando los servicios digitales. Según el Gobierno británico, esta red transporta aproximadamente el 99% del tráfico internacional de telecomunicaciones y datos del país, una dependencia que ayuda a entender la preocupación por su seguridad. Si uno de estos enlaces resulta dañado, el tráfico puede desviarse por otras conexiones, pero una interrupción simultánea de varios cables importantes podría afectar a servicios esenciales y actividades económicas.
En Xataka La Policía busca en Sevilla a alguien que tiró un fusil de asalto parecido al AK-47 y un lanzagranadas a la basura Las sospechas venían de antes. En un caso diferente, en mayo de 2025, la Unión Europea sancionó a dos empresas pesqueras rusas, Norebo JSC y Murman Sea Food, por actividades que, según el Consejo de la UE, amenazaban infraestructuras críticas. En el caso de Norebo, el organismo vinculó patrones de navegación inusuales con una campaña de vigilancia respaldada por el Estado ruso que utilizaba embarcaciones civiles para misiones de espionaje en el mar del Norte y el Báltico. Respecto a Murman Sea Food, señaló que uno de sus buques había realizado maniobras atípicas cerca de un cable submarino y de instalaciones estratégicas noruegas.
La vigilancia también es militar. En abril de 2026, Reino Unido reveló una operación de más de un mes para seguir a un submarino ruso de ataque y a otros dos de GUGI, el organismo especializado en operaciones en aguas profundas. Una fragata y aviones británicos, junto con medios de Noruega y otros aliados, participaron en el seguimiento en el Atlántico Norte. La Comisión de Defensa de los Comunes advirtió este 22 de octubre de una importante carencia antisubmarina: la Royal Navy dispone de cinco fragatas con sonar remolcado, frente a las ocho que considera necesarias para detectar y seguir submarinos hostiles.
Imagen destacada | Heb (CC BY-SA 3.0)
- La noticia 17 pesqueros rusos han merodeado más de 500 veces cerca de cables submarinos críticos. La sospecha es que no pescaban fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .



